¿El huevo o la gallina?

[Este texto es una reflexión sobre la responsabilidad parental y legal respecto a las familias desestructuradas y el impacto de éstas en la sociedad.]

La lástima que sentimos por un retoño de familia pobre a menudo se desvanece rápido puesto que descubrimos en el retoño una serie de trabas que justifican su destino infeliz. A estas personas me gustaría preguntarles qué opinan respecto al título de esta entrada. ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? ¿Merece un retoño un destino infeliz por culpa de su construcción desafortunada? Yo no lo creo, a no ser que prolongue esta cadena de infortunios para otro individuo de descendencia propia. 

Por otro lado, también justificaré el desdén por la persona de escasos recursos. Puesto que los recursos son resultado de la competencia, ¿por qué no pensaríamos en una persona pobre como incompetente? Es a su vez sinónimo «persona de fortuna» de «persona adinerada». El estrato social de nacimiento no dice tanto como el estrato social de muerte, pero algo dice. 

Si la persona nace pobre, viene de personas incompetentes. Porque no son personas a las que no les preocupe la vida y que, por lo tanto, pueden zafarse de la responsabilidad de obtener medios para ella. Si la persona, ante la situación de tener al retoño en una situación desafortunada, accede a parir, despojando de toda dignidad a su hijo y a sí mismo, eso la define como pecadora. La mujer siempre tiene opciones para remediar esto, aun si es acabando con su propia vida. 

Que tus padres no barajen opciones lógicas y sensatas cuando se trata de la vida, pone en entredicho tu inteligencia potencial. Por esto, independientemente de las capacidades del individuo, muchos pobres tienen la necesidad de demostrarse o de separarse de sus familias a nivel identitario. 

A menudo se dice que la pobreza convierte a las personas en hostiles, neuróticas y holgazanas por la desesperación. Pero quisiera saber en qué casos la resignación vino antes o después de la pobreza, haciéndola fruto o causa. 

Cuando se dice que la pobreza puede romper un matrimonio, pienso que es imposible atribuirle al concepto de «pobreza», una mísera palabra, la capacidad para romper una relación. Diría que la relación se rompe porque dos personas pobres están participando en ella. Cuando las personas se vuelven agresivas, autodestructivas o perezosas por una situación tensa, ¿no sería más acertado decir que las personas agresivas, autodestructivas y perezosas producen situaciones tensas? No me cabe en la cabeza que una persona organizada se desorganice basándose en la situación. Diría que la persona desviada llega a una vida desordenada, no que la vida desordenada desvía a la persona. El interior es siempre más poderoso que el exterior. Muchos viven vidas similares... a pesar de ello, hay de tan distintos... 

Pero, como he dicho antes, la persona es siempre susceptible cuando es retoño y es siempre culpable cuando es padre, porque si hay que darle poder decisorio a alguien para juzgarlo, entiendo razonable dárselo a los dos únicos individuos que participan en la creación de una conciencia ajena. Por esto, no comprendo el ímpetu con el que se juzga a personas víctimas de las circunstancias, desde la rabia y no desde la lástima; sin embargo, pocas veces se tienen malas palabras para un padre que, aunque haya «cumplido con su labor», ha dado a luz a lo que se llama «monstruo», aun cuando muchos padres tienen hijos problemáticos a diario y esa información no los ha detenido. Inclusive, se le mira con buenos ojos y se le prefiere culpar a Dios, otro concepto abstracto, otra mísera palabra a la que no se le pueden rendir cuentas. 

El juicio social y la justicia administrativa me son inoportunos. Una persona capaz, cívica y sana puede querer tomar el control de su vida pero jamás lo ayudarán a tal cosa. Puede ser un estudiante ejemplar, una criatura sosegada, curiosa y amable... pero a la justicia eso no le incumbe, puesto que el mercado se regula solo y la vida de los individuos también — con qué resultados, ya es otra cosa. Por supuesto, esto no le preocupa a nadie que no sienta que le están arrebatando su libertad. Yo, en cambio, me acuesto todos los días pensando en que no puedo satisfacer mis necesidades elementales por culpa de obstáculos humanos de voluntad inquebrantable. Admito que hay personas que materialmente, en el exterior, sufren como yo... pero al sufrir poco o nada en el interior, entiendo que gustan de esa coercitividad. 

Para alguien que lleva así durante más de dos décadas, con la fantasía de que se trate de una broma pesada, que la justicia no lo apoye pese a su salud intelectual, es inevitable la frustración, la ira... y no comprendo como este tipo de cosas no se detectan a tiempo, de manera que se le pueda dar a un individuo productivo la oportunidad de aportar sus habilidades al mundo, en lugar de arrojarlo al temperamento volátil, de manera que tuviere algo que agradecer y a lo que someterse. 

Y si tuviese que justificar el asesinato de mis progenitores — que bien podría —, explicaría que muchas veces acudí en busca de ayuda y que se me negó en rotundo. Y nadie lo entenderá, por desgracia. Estaría solo en eso, porque verían en mí a alguien con la mente para tales actos. Así como un perro abusado que muerde a su amo y que es dejado de lado por sus inclinaciones violentas. ¿Pero acaso son tan malas estas inclinaciones, estas respuestas, como las fuerzas productoras? Entonces, el pueblo entero piensa que el perro gusta de morder manos, en general. 

O peor, saben que ellos son igualmente malvados, son parte de estas fuerzas productoras y no quieren enfrentar las consecuencias. Este escenario es, en realidad, el único razonable. 

Tener un comportamiento formal y correcto no te garantiza comprensión. La gente no se siente agradecida por tu buen comportamiento, sino por que no tengas mal comportamiento por el cual castigarte. A la gente no le importa que sufras, solo que no los hagas sufrir. Y esto tiene sentido, porque nadie puede controlar el sufrimiento de los demás... ¿pero por qué no les puedes permitir liberarse de él?

La justicia habría de ser o bien más laxa o bien más generosa... de manera que un individuo no sienta la necesidad de ir a la cárcel a cambio de resarcirse. Y ni siquiera lo digo de forma egoísta, sino que es una ventaja política y social. Si a un niño inocente le das el pecho en lugar de la espalda, estoy seguro de que no pasará hambre. Cuando se convierta en un caníbal, ¿te sorprenderás? 

Si me seguís, sabéis que soy totalmente antinatalista. De hecho, lo soy de nacimiento. Cuando yo emití las primeras palabras, estas fueron: «no tendré hijos». Lenitivas y acertadas. ¿Quiénes se rieron? No sabría deciros... solo sé que son como un valle y hay eco tras eco. 

Se dice que este pensamiento es antinatural. También es antinatural pensar que tratar asfixiar a alguien no lo hará tomar una gran bocanada de aire después. Sin embargo, esto no interesa pensarlo porque tendrías que, entonces, admitir que siempre existe la posibilidad de sufrimiento y también la gran posibilidad de que no muevas un dedo sino es para propagarlo. ¿Cuántas personas votan a favor de la vida pero nunca de su comodidad? Si la vida te place y ésta es sufrimiento para alguien, entonces es el dolor lo que te excita [así como un mal padre golpea a su hijo pese a él ser la causa de su nacimiento, siendo pues el niño que sufre el resultado de un placer vulgar suyo]; aunque no lo sepas... de la misma manera que el hijo chico de un padre que trafica con menores no conoce qué financia sus juguetes preferidos. Si la ignorancia no exime del cumplimiento de las leyes, entonces para mí no hay manera de perdonar.