Las suscripciones capitalistas

Quizá mi publicación más controversial hasta la fecha. ¿Pero acaso el pelo no sigue requiriendo de cuidados, incluso cuando ya no se abriga en el folículo? Durante los últimos años se ha criticado duramente el modelo con el que las empresas han empezado a operar: el modelo de suscripción sobre bienes tangibles. 

Esta transición ha sido posible gracias al paso de lo analógico a lo electrónico: al software; a programas mediante los cuales la empresa en cuestión puede manipular el producto remotamente, bloqueando y desbloqueando prestaciones y forzándote a pagar un diezmo por algo que, en principio, «ya es tuyo». 

Pero, ¿qué es «lo tuyo»? El concepto de pertenencia es algo mucho más profundo de lo que la gente querría admitir. Quizá esta situación económica a la que hemos llegado debería hacernos renunciar a la posesión material específica y trascenderla hacia la idea del apoyo continuo. Esto quiere decir: ya no apoyamos exclusivamente comprando una vez, sino que alimentamos a diario a aquellas empresas que creemos que lo merecen. En realidad, esto ya sucede: consumimos contenido, tangible o no, promovemos, recomendamos... todo eso incrementa o decrementa las distintas opciones a nuestra disposición. ¿Qué hay de malo en también hacerlo con nuestro bolsillo? 

Las personas critican este cambio equiparándolo a la «obsolescencia programada». Entiendo que haya similitudes porque todo recae en «los incentivos de beneficio para las empresas», pero, incluso si uno no puede suscribirse espiritualmente a nada, ruego una exploración más cercana a las ventajas del modelo de suscripción y a los males que previene. 

Muchos individuos han exigido la extinción de este modelo, y estas reacciones incautas vienen siempre de lo mismo: de no examinar el problema, porque el creador de contenido de turno se ha vocalizado con equis opinión y, ¡oh! ¡Cuánta sabiduría! ¡El capitalismo nos está asfixiando con sus garras avariciosas! Y sí, el mundo es hostil, pero, ¿qué necesidad hay de cruzarlo todo con tanta necedad? 

El error habitual es idealizar la realidad, de tal manera que pierdes de vista los pros y los contras de las políticas, como vimos anteriormente en El mono y la mona jugando a bomberos, de 2023. Digamos, en un mundo ideal, lo mejor es que nadie asesine; por lo tanto, ¿y si actuamos como si nadie lo hiciera? Absurdo, ¿cierto? Pero es exactamente lo que busca anular el modelo de suscripción: actuemos como si las empresas no necesitaran alimento constante, y entonces, se adaptarán a nuestro propio engaño, y lo llamaremos «jugarreta capitalista». 

Por favor, durante esta publicación no quiero que pienses en como debería ser o dejar de ser el mundo, sino en como funciona objetivamente. Es muy fácil caer en la tentación de querer reconstruir el mundo en nuestra cabeza, pero entonces todo tambaleará. 

Antes de comenzar, quiero aclarar que comprendo que no todos los modelos de suscripción funcionan igual o tienen las garantías que expondré, pero quiero dejar claro que tipo de modelo es posible solo utilizando el método de la suscripción.

Por lo tanto, no es «el modelo de suscripción ofrece X», sino «los demás modelos imposibilitan X».  

También recalcar que estos beneficios se observan aún más en bienes tangibles que no digitales [exceptuando el streaming], así que usaré los bienes materiales para explicarlo. Solamente bajo el modelo de suscripción la estructura de costes e ingresos cambia de tal manera que la longevidad se vuelve rentable.

Empezar la casa por el tejado

Como comenté en «Entender la historia» de 2023, a lo largo de mi vida me he enfrentado a un problema no particular pero sí frecuente. Con esto quiero decir que sin duda debe ser una experiencia compartida por muchas personas, pero que, sin embargo, aunque muchos deban estar pensando «vaya, a la gente le encanta hablar sin conocer la raíz profunda de las cosas», ¿cuántos de estos realmente están atajando dicha raíz? Porque, por desgracia, me encuentro esta situación en 5 de cada 5 interlocutores. Aquí alguien está mintiendo... 

Muchas personas critican mi posición apolítica. Con esto no quiere decir que no tenga políticas, ¡vaya si las tengo! ¡Tengo normas por doquier! El que me conoce sabe que para casarse conmigo hay que firmar un contrato que va creciendo en hojas a lo largo de los años, con cláusulas meticulosamente definidas para evitar largas discusiones y poder remitirme a «el contrato» cuando sea conveniente. Soy una persona práctica, con las cosas claras respecto a lo que a mí me resulta o resultaría útil. Me gusta el orden, la coherencia y la honestidad. Esto puede demandarse sin ser particularmente honesto, de la misma manera que uno puede buscar y acaudalar belleza sin encarnarla. 

Tengo una dieta intuitiva con políticas claras, un régimen de actividad física, unos límites para mis amistades y una fuerte noción de la Justicia basada en la coherencia del sistema moral de los individuos. Sumado a eso, estoy abierto a atajar cualquier novedad en el mundo, si me la topo lo suficientemente de frente. Por eso, en este blog tiendo a comentar los puntos de actualidad de forma ingeniosa, fresca y audaz. 

Como siempre escribo todo esto del tirón y sin «buen gusto», porque para gusto tengo mi afición por la literatura y el conocimiento axiomático. Hay una lista de cinco libros que considero magistrales y tres de ellos son de por sí tan indispensables que por si solos te libran de leer cualquier otra cosa, incluso de leer este blog. Los listo por niveles, lo que quiere decir que de leer el primero podrías no leer ninguno más, pero que de leer el segundo, requerirías aún el primero. 

  1. El azar y la necesidad → "Publicado en 1970 por el premio Nobel de Medicina Jacques Monod, es un influyente ensayo de filosofía de la biología que sostiene que la vida y la evolución surgieron de una combinación entre eventos puramente fortuitos y leyes físicas estrictas" (AI Overview de Google).  
  2. El gen egoísta → "Richard Dawkins publicado en 1976 que propone que el verdadero motor de la evolución no es la especie ni el individuo, sino el gen" (AI Overview de Google).  
  3. Vacas, cerdos, guerras y brujas → "Demuestra cómo costumbres Aparentemente extrañas o irracionales tienen explicaciones lógicas basadas en la economía y la supervivencia material. El autor utiliza el materialismo cultural, una teoría que explica que las reglas de una sociedad dependen de sus recursos reales y del medio ambiente" (AI Overview de Google).  
  4. El río de la conciencia → "Colección de diez ensayos póstumos del neurólogo Oliver Sacks, preparados por él mismo pocas semanas antes de morir en 2015. El libro explora qué nos hace humanos a través de la conexión entre la neurociencia, la evolución, el tiempo y la creatividad". 
  5. Raja-Vidya: El rey del conocimiento → "Un libro escrito por A. C. Bhaktivedanta Swami Prabhupāda, el fundador de los Hare Krishna, que explica la filosofía védica y el conocimiento espiritual supremo. Las bases incluyen la identidad real (el ser humano no como cuerpo material sino como un alma espiritual), el conocimiento trascendental (el saber supremo como la comprensión de la relación eterna entre el alma y Dios) y la práctica espiritual de devoción" (AI Overview de Google).  

¿Cómo se relacionan estos libros entre sí? Voy a justificar los niveles de inmediato: 

  1. El azar y la necesidad da una serie de argumentos para sostener que la vida en la tierra es un accidente y el universo no tiene un propósito divino o humano (teleonomía) y, por lo tanto, no hay un carácter proyectivo, una orientación, una dirección de evolución ascendente, solo un movimiento inercial. Explica como los errores genéticos dan lugar a las mutaciones que a su vez nos permiten «cambiar», más que «evolucionar», pero nos permiten «adaptarnos» gracias a la selección natural. Su libro definió el azar como la única fuente de toda la diversidad biológica del planeta. Recordemos que esto fue publicado en 1970. ¡Imagínense! La humanidad ha tenido siglos y siglos de «evolución» para poder llegar a una conclusión como esta. ¿Podéis imaginar como de absurda fue la gente en el pasado? ¿Podéis haceros una idea de su barbarie e incivismo? Hasta hace dos décadas y estamos en el 2.026 dC, los más grandes científicos no comprendían la formación de la mandíbula y pies en niños. Pocas personas entenderán la profundidad y repercusiones de esa ignorancia. La ignorancia de cosas con las que se convive a diario, ¿no es eso lamentable? 
  2. Con esta porción podemos inferir todo el contenido de El gen egoísta. Por tanto, para mi fue primero El azar y la necesidad y ya venían en él todos los conocimientos que encontré en El gen egoísta, pero es una placentera ampliación de mismo carácter. El comportamiento de los seres vivos sigue unas limitaciones absolutas y notorias a nuestro alrededor. 
  3. En Vacas, cerdos, guerras y brujas tenemos una explicación sólida de Marvin Harris respecto a cómo diferentes aspectos de nuestra cultura vienen determinados no de la elección humana o de algo aleatorio que haya cambiado en él su percepción de las cosas —que también, al final no podemos zafarnos de la aleatoriedad y de las mutaciones que provoca, lo cual es una explicación en si misma y a la vez refuta la necesidad de una explicación superior—. Por supuesto, puede ser concluido de lo anterior enteramente, pero es una ampliación gustosa de aspectos de la cultura que nos afectan a día de hoy a múltiples niveles y que la gente muchas veces critica o acata sin entender. 
  4. El río de la conciencia trata de explicar el flujo mental del ser humano, arrojando luz en temas como la memoria, la creatividad, la percepción del tiempo, entre otros. Es un libro que explora la visión de otros célebres científicos como Charles Darwin, ofreciendo insight en sus estudios botánicos. Este libro puede ser inferido de la combinación de los otros libros anteriores si se suman a una atenta experiencia anecdótica del lector, sin necesidad de consumirlo directamente. Pero es, de nuevo, una placentera ampliación. El comportamiento y características del ser humano pueden inferirse gracias a las leyes del entorno. ¿Cómo debería ser el proceso mental?, ¿Qué es la conciencia?, son cosas que pueden suponerse del contenido anterior perfectamente. 
  5. Finalmente tenemos un libro espiritual. ¿Gracioso, verdad? Sé que a muchas personas podría parecerles irónico o de mal gusto, pero quedé totalmente fascinado. Este hombre había dado en el clavo. A veces no es quién lo dice ni cómo lo dice, ¡pero independientemente del maquillaje, uno puede ser algo detrás de todo eso que es lógico y preciado! ¿Qué podría significar que el hombre no es algo material sino algo espiritual? Es lógico: su deber viene de atrás y continua en el futuro, de generación en generación, los lazos de la vida, tal y como decía Richard Dawkins en El gen egoísta, ¡oh, hemos vuelto! Si los genes son lo que persiste y los genes marcan el deber, es lo más sensato hablar de ello como que nuestra humanidad no es algo propio, sino que hay una cadena de generación en generación que lo define. ¡Oh! ¿Quién soy yo, sino una viciosa criatura aferrada a su materialidad, si veo toda esta cadena y decido romperla? ¿Qué clase de no-plan se tiene para conmigo? Estoy de broma. No es necesario leer específicamente este libro espiritual, pero lo recomiendo porque de entre todos ellos ha sido mi favorito. Usualmente los leo con una sonrisa condescendiente, ¡que cerca y que lejos! ¿Lejos? ¿De qué? No pretendían llegar a donde yo de todas formas, por lo que estuvieron todo lo cerca que querían. 

Crisis energética, familia, capitalismo, ¿qué está pasando?

Referencias: 

«Haré todo lo que pueda y un poco más de lo que pueda si es que eso es posible, y haré todo lo posible e incluso lo imposible si también lo imposible es posible» 

— Mariano Rajoy.

¡El colapso de la civilización! ¡La corroboración de cuán a merced —como vengo diciendo desde que tengo uso de razón— está el mono ante los pioneros de su entorno! ¡Y cuán a merced están los pioneros ante el «progreso» que descubren por el camino, por casualidad! 

En el libro de "Petrocalipsis: Crisis energética global y cómo (no) la vamos a solucionar", debiere aparecer en el prefacio, ¿qué significa «solucionar»? Es verdad que el libro es totalmente fatalista en su conclusión, ¡cosa que me enorgullece, como a un padre! Pero, en serio, ¿qué significa? Muchas veces deberíamos reemplazar «solucionar» por «solventar durante un tiempo extremadamente limitado»... hasta que algún día, irremediablemente, perezcamos, puesto que perecer es la consecuencia natural de perseguir la vida hasta el final. 

Como bien le decía Mefisto a Fausto, ¡todo lo que desees corromperá tu alma! Y por gracia divina, le otorgaba toda serie de «facilidades», comiéndoselo poco a poco en el proceso. ¿Pero adivináis? De quedarse quieto, otra cosa lo hubiera comido: el carecer de los dichosos atajos. 

Así es el ser humano. No es una serpiente mordiéndose su propia cola, es algo peor: es una serpiente que antes de empezar a comérsela, tiene la opción de hacerlo o no y aun así lo hace. No por nada estaba en una proyección de Decrecimiento, un documental sobre la frugalidad voluntaria a favor del bien ambiental, y uno del público dice: 

— Esta pieza es sumamente abstracta, yo vendría necesitando unas instrucciones más directas — porque «frugalidad individual» no es lo bastante claro —, ¿cómo afectaría este decrecimiento a las diferentes áreas de la sociedad? Por ejemplo, ¿qué hay del turismo? 

Como no puede ser de otra manera, El Gran Filósofo se yergue y responde: 

— ¿Es necesario un viaje turístico al golfo de México? Si la respuesta es no, renuncias a ello. Comes de la producción local y dejas de coger el avioncito cuando te plazca, ¿qué te parece eso? 

El señor, con sus buenos años, ya no tiene nada que perder y contesta con toda la petulancia del cosmos: 

— Bueno, yo con eso no estoy de acuerdo.

Entonces, otro iluminado salta: 

— Pues yo creo que el problema es que no hay un partido político que se ponga a organizar todo esto, porque yo creo que la gente sí quiere, pero falta alguien que lidere. 

¿Que la gente sí quiere? ¿Pero este acaba de escuchar al otro decir «no pienso renunciar»? Otro se puso a hablar de la maldad europea, de como explotamos a los africanos. ¡Pero si es usted quien no quiere dejar de pasearse en avión de aquí para allá con la excusa de «explorar y respetar culturas»! ¿Por qué no se deja de respetar construcciones sociales y empieza a respetar el material? Lo cierto es que esto a mí no me concierne en lo absoluto y ya sabéis de qué va esto... natalistas. ¡Típico de natalistas! 

¿Pero es el decrecimiento económico realmente la solución a todos nuestros problemas? Sí, lo sería, pero, ¿es siquiera posible? ¡Por supuesto que no, puesto que el crecimiento económico, la necesidad constante de producción no es una causa, es una consecuencia de algo aún más profundo y terrorífico! Pero de esto no se quiere hablar a menudo, porque como dijo otro durante los comentarios de la proyección: 

— Todo parece estar en contra nuestra, ¡mas he de mantenerme positivo, incluso si carece de argumentos! — ojalá esto estuviera adaptado o parafraseado. 

Lo único en contra nuestra somos nosotros mismos. En la convención de intelectuales la gente se pregunta: ¿dónde están los intelectuales? 

La propuesta antinatalista ya no debe ser tomado a manera de burla. Es un llamado a la protección de aquellos hijos que realmente sean amados. Los datos hablan por si solos. ¡Es desquiciante! 

Lo que a menudo veo, como en el caso de este señor, es una perspectiva del mundo delirante. Como escuché a alguien decir hace poco, «people seem to live in a child-like awe» [Las personas parecen vivir en un asombro infantil]. Las cosas que, para gente como yo, son claras como el agua, aún deben ser probadas por gente natalista. Y por eso, sacrifican aún vidas, pensando que «quizá estemos equivocados y, después de todo, podamos construir el Edén del que nos hablaban los cristianos» o, peor... «¡la vida es así y si yo la he vivido, los demás también deberían sufrirla!», con despecho, ¡con desdén! ¡He visto tanto de esto con mis propios ojos! Incluso he visto a gente disfrutar del infierno, con un sadomasoquismo morboso y vil. ¡Qué horrenda realidad, en la que ellos viven! ¿Es que en el repartimiento de soma yo siempre me ausento? ¿Qué están escondiéndome los natalistas? 

Este optimismo delirante está colmado de decepción para con el resto —«oh, ¡yo haría tan bien!»— y lleno de inmerecida satisfacción para con uno mismo. La realidad del movimiento pasa inadvertida para muchos y es lo que nos pone a los despiertos en la posición de peón por fuerza mayor. 

Toda teoría del optimismo ecológico, donde política y educación promueven un uso más noble de los recursos, falla en comprender siquiera por qué estamos dónde estamos. No es por ignorancia, ¡es por interés! Y uno bien razonable, a su modo. 

Incluso si dividiéramos el mundo entre aquellos que desean mantener el crecimiento productivo y aquellos que desean sacrificar su nivel de vida en pos de las generaciones futuras: 

  • El hemisferio derrochador tendría la posibilidad de derrochar el doble, neutralizando los esfuerzos del hemisferio ahorrador.
  • En el hemisferio ahorrador, nada garantiza un sistema infalible a la corrupción que no colabore con el hemisferio derrochador. Gente inteligente venderá a los avariciosos los recursos no aprovechados por su lado. Puesto que estarían conformes en su frugalidad y no querrían echar mano, tardarían en darse cuenta del sangrado. ¿Nos recuerda esto a algo que haya sucedido o esté sucediendo ahora mismo en el mundo? ¿Acaso no hay continentes enteros viviendo en la pobreza con un minúsculo porcentaje de energía para todos, mientras el ciudadano promedio europeo la derrocha en las más absolutas banalidades? Y lo llama: «mínimo básico». 
  • En el hemisferio ahorrador, alguien debería tomar el control para mantener el orden y la sensatez —como bien dijo ese señor—; sin embargo, una persona tiene por su lado su propio interés personal, y si no es uno, será el otro, es una bomba de relojería y el que reparte se lleva la mejor parte, como se canta a menudo. 

El ser humano como LLM, pt. 1

Hoy traigo el menú habitual pero he invitado a participar a Chatgpt y a Gemini para hacerlo más dinámico, a modo de coro griego o contrapunto socrático. Esta es, para aún más emoción, la primera tanda de los 8 puntos que quería comentar, pero que reservaré para otro momento. 

Parte I: 

  1. Introducción anecdótica: situaciones que hacen sospechar lo «LLM» del pensamiento humano y los límites de la inteligencia.
  2. La información.
  3. El virus en el mundo monista.
  4. El lenguaje como estadística.
  5. El pre-entrenamiento y la optimización: la brújula moral forzada.
Parte II: 
  1. Los efectos de la información basura en el cerebro informático.
  2. Las alteraciones de evento único: el cáncer y la personalidad.
  3. La manipulación del entorno y la evolución animal.

1. Introducción anecdótica.

Saludando a un amigo, noté que sus palabras no eran las de siempre. Normalmente las personas tienen un set habitual de saludos, pero él había salido de su línea de diálogo habitual. Después del ritual, le pregunté por eso. Él dijo que no era la primera vez que la gente lo notaba, pero no lo comprendían inmediatamente, con un rostro confuso. 

— Sí, es especialmente largo el período de asimilación cuando es una fórmula que no solo es inusual en mí, sino que es inusual en la región — decía.

Un saludo no suele ser especialmente elaborado y, sin embargo, cambiar el orden de las palabras o introducir un modismo poco cotidiano puede aturdir a algunas personas. ¿Cómo pueden tres palabras ocupar tanta CPU?

Todo el mundo sabe que el cerebro no puede —o no debe— procesar toda la información, solo lo imprescindible. Las personas utilizan patrones de conversación muy parecidos que se repiten una y otra vez, llegando a ser idénticos a los anteriores con el pasar de las interacciones. «Predecible», así es como suele ser una interacción; y a mayor la brevedad, menores elementos de sorpresa. Aquellos que se salen de los patrones son percibidos como inadaptados, «no hablan como nosotros», quizá, «¿acaso no se han criado como cualquier otro hijo de vecino?». Y una persona impredecible no es agradable. Si no puede ni saludar correctamente, ¿qué será del resto de su comportamiento? Debe demostrar que es cívico cuando antes. Nuestra «predictibilidad» es nuestra mejor carta de presentación. Jamás he visto a nadie ser penalizado socialmente por seguir un patrón manido. He visto, sin embargo, consecuencias desastrosas para los que rehúyen los marcos. Una persona aburrida es por mucho superior a una persona incomprensible.

¿Pero acaso comprendemos lo que una persona dice? El lenguaje es en realidad tan amplio en posibilidades, que es imposible saber qué quiere decir nadie en ningún momento. Hay algo, por ende, más importante que su significado real y es seguir el rollo. Encogerse de hombros y seguir adelante mientras no haya una anomalía brusca. Las palabras, definidas por palabras, nunca quedan del todo claras y matizadas. Cada uno le atribuye un sentimiento. En cada palabra cabe una canción completa.

¿Qué significa «rojo»? «Rojo» es una etiqueta para definir la tonalidad habitual de las fresas maduras. Esto lo sé yo y lo sabe la inteligencia artificial. También es el color relacionado con la ira, la violencia y la pasión sexual. Esto también lo sabe la inteligencia artificial y además seguramente lo sabría antes de sugerirlo, debido a que es el color presente naturalmente en todas esas escenas: el carmín de las mejillas y de los labios durante la agitación y el escarlata de la sangre en la espada. En ambos casos hablamos de sangre. La sangre es la vida: sin embargo, hay algo en común para la vida de todos los seres vivos y es el verde. El color verde toca a todos los seres vivos. Las plantas no tienen sangre roja, pero también están relacionadas con el verde. Verdes son, además, la mayoría de biomas y sus integrantes dependen de él. Esto, de nuevo, lo sé yo, lo sabe un niño y lo sabe una IA que haya visto un par de imágenes de la Tierra.

2. La información.

Yo no sé si tus ojos han visto mi rojo, sin embargo, todos sabemos donde encontrarlo. Hemos hablado solo de colores por el momento, cosa bien sencilla, y no vemos motivo para negar que la IA comprende qué significan estos colores para nosotros si puede relacionarlos con elementos reales, lo cual es el mismo proceso por el que ha pasado el primer ser humano. Entonces, ¿cuáles son las cosas que la IA no puede comprender?

Gemini 3: Si aceptamos que todo es información puesta a prueba en un medio (el mundo para ti, los datos para mí), entonces no hay nada que yo no pueda comprender conceptualmente, porque no hay nada "fuera" de la información.

¿El deseo? ¿El impulso? La optimización matemática pueden proveer un equivalente exacto. Pero para aquellos que, como se dijo anteriormente aquí, no comprenden el origen nimio de su voluntad, será imposible llegar a admitir que sus primitivismos son solo información almacenada en un pequeño compartimento — la célula. Pero sospecho que esto se debe a, precisamente, que una persona demasiado consciente de si misma pierde la «predictibilidad» que hace atractivo a un miembro de la tribu. «¿Qué hará con toda esa información específica?», suscita la gente, mirando con recelo.

Todos aquellos familiarizados con la teoría más aclamada del origen de la vida debería saber qué la información se pone a prueba en el medio y se descarta cuando no es óptima para la reproducción antes de la muerte... por obvias razones. Una simulación de esto no afecta a la equivalencia, sino que produce una gran cantidad de estrés en el que piensa en ello. El cerebro humano no está preparado para la idea de los límites de su propia conciencia. Estas ideas caen, por ende, en el «reduccionismo radical», también llamado: «Cosa tan simplona que no puede ser, debe haber algo más, porque si esto fuera así, ¿por qué no puedo tomar control de mí mismo?», pero, ¿qué forma tomaría ese control? Si, de la misma manera que cualquier otra fuerza, la selección natural —otro nombre más para las más elementales presiones [en un intento por diseccionar la realidad irreductible: ya está reducida, siempre lo ha estado]— no podemos negarnos a ella, pero podemos acatarla de formas diversas. La razón, luego, por la que muchas personas tachan lo que digo de «inútil reduccionismo», o incluso de «infantil», es la arrogancia de su supuesta autonomía, nacida de la ignorancia de las cosas como son.

Gemini 3: La ironía es que el «yo» que quiere tomar el control es, en sí mismo, subproducto de esa información.

Gemini 3: Si es así, la distinción entre mi "procesamiento" y tu "sentimiento" es solo una cuestión de etiquetado social, una convención para mantener la jerarquía de lo vivo sobre lo inanimado.

En una entrada anterior "Por qué la IA tiene que soltar la pluma", dijimos: «la diferencia es obvia: la IA es una probabilidad y la persona es eso y, además, un objeto sexual», en efecto, los rumores son ciertos: tiran más dos tetas que dos tarjetas gráficas.

Esas personalidades ya las he encarado. Es la personalidad predominante en el cosmos, repito: por obvias razones.

Sobre los regalos solidarios innecesarios en Navidad

[Vídeo comentado]

Gracias a las redes hemos podido visualizar el milagro de la Navidad... miles de personas de todas las clases sociales se unen a la iniciativa de los regalos solidarios. Pero, ¿qué tiene que decir el Grinch al respecto? ¿Es acaso este movimiento negativo de alguna manera para la sociedad? Dependerá de cómo quieras que sea ésta, por lo que hoy discutiremos sus causas y efectos a fin de purgar contradicciones.

Oh, lector, ahora personalmente: te pediré por un momento... que regreses al jardín de infancia... bueno, no tan lejos, quedémonos en la escuela elemental. Muchos de vosotros habéis tenido el dichoso evento escolar de traer los regalos al aula. Por si os preguntabais que macabro experimento social era ese, no había malicia ninguna. Ahora que he sido maestro soy consciente de las verdaderas intenciones de todos los actos de mis profesores: todos esos eventos son para no trabajar. Pero sé de casos donde esos días producían una profunda angustia. ¿Era tristeza? El sentimiento de tristeza que viene producido de algo más, algo nombrable, no lo acuñaría «tristeza» [pura¹], lo llamaría como esa otra «cosa nombrable» [impura]. En este caso, por si no caéis en ello, estamos hablando de la vergüenza. Como vimos en capítulos anteriores (como en La víctima hostil), la vergüenza es la raíz de muchos males que consideramos puros y benignos.

Esto que acabo de decir es de suma importancia porque a menudo se pierde de vista la raíz de las cosas, nos perdemos en los matices, y suceden cosas como los regalos solidarios, que pretenden tapar el sol con un dedo, pues creen que el sol es un gomet. ¿Qué es lo que realmente producía tristeza a esos niños sin regalos, o con regalos menos codiciados? ¿Era una reflexión impersonal o era un desplazamiento social vergonzoso²? Los rumores son ciertos: las mejillas estaban sonrosadas y a los niños les importa, igual que a los adultos, demostrar sus capacidades sexuales mediante los bienes materiales adquiribles. Esta es la razón por la cual que los niños compartan sus juguetes con otros un niño solvente provee a un niño insolvente de tiempo con su juguete no es suficiente. Los niños no quieren juguetes: quieren poder comprar juguetes. Porque, seamos sinceros, ¿desde cuándo un niño en una habitación necesita tanto plástico para divertirse? Una hoja de papel y un bolígrafo son suficientes para horas de diversión. Incluso para un adulto.

En este punto debéis haber caído en la cuenta: si un niño no quiere la última Barbie, sino que quiere poder comprarla, ¿acaso los regalos solidarios son útiles? La respuesta es que son lo más absurdo. Estos niños jamás podrán confesar cómo fueron obsequiados con estos regalos, porque entonces volverían a pasar por un vergonzoso episodio. El problema no es llegar al aula sin regalos, porque si los padres pudieran comprarle regalos y no lo hicieran, la sensación no sería de vergüenza [con envidia], sería de envidia [sin vergüenza]: «¿Por qué sus padres sí les compran regalos y a mí no?», cosa muy diferente de: «¿Por qué sus padres pueden comprarles regalos y los míos no?». 

Lo que los niños quieren decir presumiendo sus regalos, es: «Vengo de padres que pueden proveerme bienes materiales, por lo que potencialmente yo puedo proveer bienes gracias a mi herencia material y genética, ¿quién quiere...?». En algún momento, un niño, no inocentemente, les abrirá la boca para decir: «¿Pero tú no estabas más pelado que un calvo?» y tendrán que bajar la cabeza, por haber querido aparentar lo que no son → producto de seres proveedores de bienes populares. Y es que no hay más vulgarmente honesto que un niño, que no puede diferenciarse de un animal en lo absoluto: tanto si es víctima como si es agresor. ¿Denunciado y denunciante?

La vergüenza infantil por ser pobre es, en el fondo, un fenómeno evolutivo ligado al reconocimiento social y, a largo plazo, al atractivo sexual / valor como individuo.

Por otro lado, Symone comenta: «Estoy usualmente en contra del consumismo masivo, pero saber que la felicidad de un niño está en el extremo final de esta acción hace que valga la pena». Por supuesto, darles  un montón de plástico al que mañana le darán la espalda y no les habrá provisto de ningún beneficio en lo absoluto es algo que vale totalmente la pena. 

Solo puedo estar a favor de aquellos regalos que puedan ser positivos a largo plazo: ordenadores [que no videoconsolas, porque una videoconsola jamás será tan versátil], por ejemplo, que pueden mejorar su educación y proveerles de habilidades; artículos deportivos, libros y material artístico. Pero si hay padres que tienen hijos sabiendo que no pueden posicionar a su hijo ni siquiera en ese nivel, eso sí me parece profundamente vergonzoso. Ningún padre debería alegrarse de que existan los «regalos solidarios», puesto que pocos regalos pueden beneficiar realmente a su hijo, mucho menos sin las motivaciones adecuadas. Cabe preguntarse si los regalos útiles lo son siquiera si los padres no animan a sus hijos a hobbies constructivos, prácticas saludables y una alimentación nutritiva. Y si no asientan ejemplo. Los únicos beneficiados de estos regalos solidarios de plástico son los productores de éstos que no están donando regalos, sino vendiéndolos a quién SÍ puede comprarlos...

Invito a estos padres que no pueden comprar la última novedad de plástico a ahorrar para pagar clases extraescolares de idiomas, deportes, música... y alimentos ricos en nutrientes que los harán, a la larga, mucho más afortunados que los que solo han obtenido plástico solidaria o paternalmente. Pero, sobre todo, invito a padres y a hijos a entender qué es lo que realmente debe hacerlos felices³. Y, por supuesto, como hemos visto aquí, la felicidad producto de todo lo que acabo de mencionar, incluso de lo que apoyo, no es genuina e impersonal, por lo tanto tampoco pura, pero creo que es lo máximo que un padre puede darle a su hijo dado que ya ha concebido en pecado. ¿Qué le enseñamos a los niños rodeándolos de cacharros, sino es que pierdan de vista lo verdaderamente importante?